La frase que más suelo escuchar en mi primera reunión con las parejas de novios es: "Es que nosotros no sabemos posar y nos da muchísima vergüenza estar delante de la cámara". Es una preocupación totalmente normal y muy común. Al fin y al cabo, no estamos acostumbrados a tener una lente profesional apuntándonos durante horas de forma directa.
Por eso, la sesión de preboda no es simplemente un "extra de relleno" para tener fotos bonitas vestidos de calle. Es la herramienta definitiva para asegurar que las fotos del día de vuestra boda salgan naturales, tranquilas y espontáneas.
¿Para qué sirve realmente la sesión de preboda?
- Romper el hielo de forma definitiva: La preboda sirve para que nos conozcamos en persona en un ambiente relajado y tranquilo, charlando y paseando. El día de la boda yo ya no seré "el fotógrafo contratado" al que apenas habéis visto, sino Juanjo, alguien conocido con quien os sentís cómodos.
- Aprender a moveros de forma natural: Durante la preboda os enseño que no hace falta mirar a la cámara ni quedarse congelado. Practicamos dinámicas muy sencillas: caminar juntos, hablar de vuestras cosas, reírnos... Al ver que no os pido poses artificiales, la tensión inicial desaparece en menos de diez minutos.
- Ver los resultados antes del gran día: Al recibir las fotos de la preboda y ver lo guapos y naturales que salís sin necesidad de actuar, perderéis todo el miedo para el día de la boda. Iréis al altar con la total confianza de que vuestras fotos de boda van a quedar espectaculares.
- Tener imágenes muy útiles para la boda: Podéis utilizar estas fotografías para las invitaciones, el libro de firmas del banquete, la web de vuestra boda o detalles de decoración divertidos para las mesas de los invitados.
Hacer una sesión de preboda es invertir en tranquilidad mental y asegurar que el día de la boda disfrutéis de vuestra sesión de pareja en lugar de sufrirla.